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¿Un permanente juego?

Ultimamente me pregunto, con frecuencia, por qué nos cuesta tanto saber recibir aquello que se nos  ofrece a cambio de nada: detalles, regalos…

Creo que hemos sido educados y educadas en una sociedad en la que está bien  visto dar y  ofrecer, y por esa tradición judeocristiana que se nos caló hasta los huesos y que tanto nos costó quitarnos de encima, parece que debemos mirar más por los otros que por nosotr@s mism@s.

Pero, en ocasiones, recibimos preciosos dones de aquellos que menos esperábamos. Se nos ofrecen miradas, sonrisas, silencios, y millones de momentos de felicidad, sin saber muy bien qué  hacer con todo eso. Hasta podemos sentir incomodidad, preguntar por qué me llega.

En la cultura  docente tradicional está  muy arraigada una tendencia a considerar que la educación está enmarcada en el ámbito de lo formal,  lo académico e  institucional.

Pero, más alla de nuestras preciosas programaciones deberíamos contemplar la posibilidad de trabajar con nuestros alumnos y alumnas esta habilidad, que  forma parte de las tan llevadas y traidas “habilidades sociales”

Cada dia estoy más convencida de que la vida es un permanente juego, en el que invertimos nuestro propio ser, y acabamos ganando mucho más de lo que nunca pudimos imaginar.

Gracias a tod@s l@s que me regalaron un instante de vida.

La foto de Mireia me encantó

grafito

Cuando elegimos el dibujo que representaría la campaña de escolarización para este curso en el Polígono Sur de Sevilla, nos dimos cuenta de que los niños y niñas del barrio tenían mucho que decir sobre su escuela. Y que debían hacerlo en la calle, acompañados de sus maestr@s, con música, bailando, disfrazados y maquillados, con pitos y globos, haciendo ver que en el cole se pasa bien, que se hacen amigos, se aprenden cosas bonitas, y que nos quieren y queremos.

Nos parecía importante hacer llegar esto a los vecinos y vecinas de todos los barrios del Polígono, de forma divertida.

No bastaba decir: “apunta a tus hijos e hijas en los coles del barrio”. Teníamos que ir más allá. Pasando por las plazoletas, hablando con las familias, acercándonos a la vida del día a día. El mensaje tenía que llegar a todos los rincones, desde todas las edades.

Así, los miércoles de marzo, el tren de la escolarización se ponía en marcha. Los vagones estaban hechos en clase por los chicos y chicas, y el pasacalles animaba las mañanas.

Los jueves, nuestro escenario cambiaba. Colocábamos un puesto en el mercadillo del barrio, con  Grafito anunciando nuestra “mercancía”,  y los técnicos de entidades se mezclaban con el resto de vendedor@s, anunciando, informando, animando a la escolarización.

Aún nos queda mucho por hacer, a pesar de que marzo finalizó: tránsito, jornadas de puertas abiertas, encuentros, actuaciones con familias de infantil, encuentros deportivos, talleres…y… ¡fiesta final por  la escuela!

Y mucho por decir. Pero, sobre todo, o mejor dicho, ante todo, mucho por escuchar. De lo que las familias nos cuenten podremos saber qué tenemos que cambiar en nuestra forma de hacer escuela para que las aulas sigan llenándose, y los pasillos y los recreos  de los centros se conviertan en un mágico escenario de vida compartida.

(El autor del dibujo es José Pedro Abularach Córdoba, de 5º de Educación Primaria del CEIP Paz y Amistad).

Mientras escribo

Escribo, mientras pienso.

Y pienso sobre todo lo que no escribo porque no decido en cada instante de vida qué es lo que realmente siento.

Y, sin embargo, siento, escribo, pienso…

Pero no decido.

Así comienza un nuevo día, o una nueva sombra, que se alarga  sobre  lo que vivo.

Creo que durante un tiempo permaneceré en el sentimiento.

Desde el pensamiento.

La imagen es de Acqua

Increíble, pero ya hace un año que comenzó esta aventura: “Educar en la acción”.

A lo largo de todo este tiempo ha habido momentos preciosos, mensajes educativos especialmente tiernos, que me han ayudado a ir creciendo, teniendo siempre presente que no estaba sola, que much@s compañer@s están en el mismo barco, que construimos junt@s, hacia un mismo objetivo.

Recuerdo que en el curso al que asistimos sobre los blogs como herramienta educativa, Manuel, Roberto y Juanjo nos comentaban que un blog crece por los comentarios y las aportaciones de sus visitantes. Así lo he vivido en este tiempo.

Los posts que creamos no son más que una invitación a la reflexión compartida: 33 entradas, con  217 comentarios, que nos han ayudado a mirar desde muchos ángulos,  enfocar,  complejizar, reír…

Gracias a ellos tres por su ánimo constante, y sus aportaciones técnicas y personales, y a tod@s los que habéis dado vida a un proyecto que ahora es vuestro.

Felicidades, bloger@s.

¿Corres o amamantas?

Absurdo en principio, parece que ocurre realmente. Nuestra capacidad de asombro es ilimitada, y se va ampliando, progresivamente, con las informaciones que nos llegan de los medios (¿o miedos?) de comunicación. En este caso, El País, hace algunos días, nos traía a debate el “dilema”: “Madre o deportista“: Las atletas que se quedan embarazadas pierden becas y el apoyo de las instituciones.  Elija, señora, no tenemos todo el día.

La mejor forma de potenciar el deporte, y como escuchamos hasta la saciedad últimamente: “conciliar la vida familiar y la profesional”. Debe ser una de las medidas del nuevo ministerio (¿o misterio?) de Bibiana.

Me voy, sin correr.

Admiro la capacidad de algunas personas para explicar de forma gráfica, ágil, y dinámica aquello que a la mayoría de los mortales nos resulta farragoso e incomprensible.

Mi pensamiento salta automáticamente a l@s  alumn@s. ¿Cuántas clases se tragan cada día sin comprender la mayor parte de lo que se les explica?

El vídeo que os traigo   es un buen ejemplo de cómo se puede hacer amena una teoría sobre  globalización y  crisis financiera. Buen maestro, Leopoldo Abadía.

…de silencios y vida


…vuelvo, después de algunos momentos, que en ocasiones me han parecido instantes, y otras veces, eternidades. Sin saber exactamente como me ayuda el tiempo a seguir creciendo.

Cuando el viento me mira con dulzura, me acompaña, y me envuelve, el camino aparece ante mi vista. El silencio me susurra y me adormece, me permite soñar. Es entonces cuando el pensamiento va suavizando su devenir. Tímidamente se va desvaneciendo, dejando paso a la vida, a la de todos los días, a la necesaria para sobrevivir.

Esa vida que en muchas ocasiones recordamos con nostalgia. En la que todo es posible, el tiempo se dilata, y las emociones recuperan su lenguaje.

De la que somos protagonistas, y en la que nos encontramos rodeados de nuestras propias imágenes reflejadas en los espejos de aquellos a los que amamos.

Una vida cargada de serenidad, de equilibrio. De conversaciones visuales, de miradas prolongadas.

En la que hemos aprendido a descubrir de nuevo a nuestros amigos, aquellos que siempre están presentes en nuestras más arriesgadas travesías, sin importarles el final de los túneles por los que vamos pasando, porque, en el fondo, son conscientes de que lo más importante, realmente, ocurre en todos y cada uno de los momentos que compartimos.

Un silencioso beso.

(La imagen es de Stephen W Oachs)

Una nueva ínsula

En ocasiones, necesitamos descansar. Porque el devenir es demasiaado rápido, intenso, emocionante, absorbente… No sabría explicarlo bien. Me falta tiempo de reflexión y de encuentro con casi todo. Así, que, en estas circunstancias, creo que lo mejor será tomar un descanso, buscar mi propia esencia, encontrarme conmigo y con el resto del mundo y mirar las estrellas con todo el detenimiento del que sea capaz.

Para todo esto, he decidido desembarcar en una nueva ínsula que he descubierto: Insula Dulcamara. Os invito a visitarla.

Hasta pronto.

(La imagen es de Javier)

Existe un trabajo que se realiza más allá de las becas, los salarios, los ingresos o los beneficios propios.
Cuyo cumplimiento no depende de lo esperado sino de lo que se considera necesario invertir.

Así funcionan muchos proyectos de intervención social, diría que la mayoría.

Hace algunos días tuve la suerte de compartir una jornada de formación con los becarios y becarias de la Residencia Universitaria Flora Tristán, su coordinador y equipo directivo, en la que pude comprobar cómo están trabajando.

Son alumnos y alumnas procedentes de diferentes carreras universitarias, que viven en la residencia, pero que colaboran y forman parte del entorno en el que se encuentran.

Les mueve la ilusión por transformar la realidad, la implicación en proyectos del barrio, en Polígono Sur, dentro del Plan Integral, en sus colegios, en asociaciones, donde no sólo dejan horas de trabajo y colaboración, dejan una gran parte de sí mismos, convencidos, como muchos otros en la zona, de que “es posible”.

Enhorabuena.

(La foto es de neusnet)

Educadores 21 es un interesante blog de educación global y TIC. Su información es muy completa, y su autor, Víctor Cuevas nos ha ofrecido, en muchas ocasiones, profundas reflexiones sobre la educación.

En esta ocasión, recogerá el XII CIO, con un tema cercano a to@s los profesor@s, familias y alumnado: “profesores que salvan”.

Buen planteamiento. Enhorabuena, Víctor

XII CIO: profesores que salvan

Tomo el testigo de Maribel para convocar un nuevo Claustro Ideal Oficial (y ya es el duodécimo) con la responsabilidad que otorga tal circunstancia y buscando, como siempre, que nos aportemos luz en el tema que voy a presentar: los profesores que salvan.

Hace unas semanas en La 2 de TVE vi una entrevista que hicieron a Daniel Pennac a propósito de su libro Mal de Escuela y me gustó tanto que me acabé comprando el libro. Su lectura me da pie para convocar en este CIO las siguientes reflexiones y algunas preguntas.

¿Qué ocurre con los chicos que molestan? ¿Debemos echarlos del sistema educativo lo antes posible? ¿Debemos articular colchones que amortigüen su presencia en las aulas? ¿Debemos crear profesionales específicos que se ocupen de ellos?

Hace años que los chicos malotes están en los centros haciendo lo único que saben para llamar nuestra atención: molestar. Detrás de sus problemas a veces encontramos problemática familiar, desarraigo, situaciones sociales extremas… pero no siempre es así. Estos chicos y chicas tienen, ante todo, una autoestima muy baja y una sensación de fracaso permanente en todos los proyectos que llevan a cabo. Son los últimos en clase y sólo destacan porque se pasan media vida castigados en los centros. Aprenden poco en clase y mucho de la vida, no siempre bueno. Algunos profesores piensan que son irrecuperables.

En todo caso, ¿qué hace que esos chicos no acaben mal? ¿qué hace que esos chicos y chicas tengan alguna oportunidad de seguir por un camino más fácil?

Hace años escuché en una conferencia que en la Escuela debíamos elegir entre la vía de Harvard y la vía de la prisión. La primera es una vía que se propone el éxito para todos tomando medidas al respecto. La segunda es la vía que lleva a que los chicos y chicas que “fracasan” acaben en instituciones penitenciarias y no cómo funcionarios. Las prácticas educativas de la Escuela hacen que cada año miles de chicos y chicas dejen el sistema educativo sin esperanza; muchos de los que abandonen prematuramente el sistema educativo o lo hacen ya por agotamiento no están preparados para afrontar los retos de nuestra sociedad.

Algunos chicos y chicas malotes salen adelante porque algún profesor se preocupa por ellos, se acerca a ellos como personas, les da confianza y proyecta en ellos algo diferente al pesimismo. Son profesores que dan el primer paso acercándose sin esperar a que los malotes hagan nada. No hacen milagros sólo buscan a la persona que hay debajo del personaje, conectan con los sentimientos que subyacen a las gamberradas y les enseñan. Porque sin ese acercamiento no hay enseñanza posible, sin romper esa barrera, sólo encontramos al personaje; sin conectar con la persona, sólo hay dos roles que se enfrentan.

Hay profesores, pocos, que salvan vidas.

Mis preguntas /reflexiones para los miembros del CIO serían:

  1. ¿En nuestra práctica profesional trabajamos con alumnos o personas?
  2. ¿Tenemos en cuenta a la hora de dar clase a los alumnos que tenemos delante, con sus expectativas, sus miedos, sus problemas? ¿Es posible llegar a conocer a nuestros alumnos tal y como está estructurado el sistema educativo? ¿Es necesario? ¿Tenemos que dejar esa parte del trabajo a a figura del tutor? ¿A la del orientador, quizás?
  3. ¿Hemos tenido experiencias con malotes? ¿Nos cuesta llegar a ellos? ¿Nos relacionamos desde nuestras figuras de profesor, maestro, jefe de estudios, director, orientador…? ¿Nos relacionamos a través de las normas de convivencia?
  4. Una Escuela comprensiva como la nuestra acoge una gran diversidad de alumnado. ¿Tienen que existir profesores especiales para estos chicos que molestan? ¿Tenemos que articular programas específicos para ellos? ¿Tenemos que buscar instituciones apropiadas para ellos?
  5. ¿Cómo debemos actuar los profesores para que se pierdan el menor número posible de alumnos?
  6. ¿Estamos formados para saber descubrir a las personas que hay debajo de los personajes que interpretan esos alumnos y alumnas difíciles? ¿Sería importante afrontar ese aspecto de nuestro trabajo?

Con el ánimo de encontrar luz a estas cuestiones, queda convocado el Claustro Ideal Oficial que estará abierto durante las próximas semanas.

Imagen: FlickrCC

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