
Ultimamente me pregunto, con frecuencia, por qué nos cuesta tanto saber recibir aquello que se nos ofrece a cambio de nada: detalles, regalos…
Creo que hemos sido educados y educadas en una sociedad en la que está bien visto dar y ofrecer, y por esa tradición judeocristiana que se nos caló hasta los huesos y que tanto nos costó quitarnos de encima, parece que debemos mirar más por los otros que por nosotr@s mism@s.
Pero, en ocasiones, recibimos preciosos dones de aquellos que menos esperábamos. Se nos ofrecen miradas, sonrisas, silencios, y millones de momentos de felicidad, sin saber muy bien qué hacer con todo eso. Hasta podemos sentir incomodidad, preguntar por qué me llega.
En la cultura docente tradicional está muy arraigada una tendencia a considerar que la educación está enmarcada en el ámbito de lo formal, lo académico e institucional.
Pero, más alla de nuestras preciosas programaciones deberíamos contemplar la posibilidad de trabajar con nuestros alumnos y alumnas esta habilidad, que forma parte de las tan llevadas y traidas “habilidades sociales”
Cada dia estoy más convencida de que la vida es un permanente juego, en el que invertimos nuestro propio ser, y acabamos ganando mucho más de lo que nunca pudimos imaginar.
Gracias a tod@s l@s que me regalaron un instante de vida.








